Pentecostes

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Nombre: Gerardo
Ubicación: Argentina

martes, julio 12, 2005

El símbolo del cordero.

Era costumbre en el antiguo Oriente que los reyes se llamaran a sí mismos pastores de su pueblo. Era una imagen de su poder, una imagen cínica: para ellos, los pueblos eran como ovejas de las que el pastor podía disponer a su agrado. Por el contrario, el pastor de todos los hombres, el Dios vivo, se ha hecho él mismo cordero, se ha puesto de la parte de los corderos, de los que son pisoteados y sacrificados. Precisamente así se revela Él como el verdadero pastor: "Yo soy el buen pastor [...]. Yo doy mi vida por las ovejas", dice Jesús de sí mismo (Jn 10, 14s.).

No es el poder lo que redime, sino el amor. Éste es el distintivo de Dios: Él mismo es amor. ¡Cuántas veces desearíamos que Dios se mostrara más fuerte! Que actuara duramente, derrotara el mal y creara un mundo mejor. Todas las ideologías del poder se justifican así, justifican la destrucción de lo que se opondría al progreso y a la liberación de la humanidad. Nosotros sufrimos por la paciencia de Dios. Y, no obstante, todos necesitamos su paciencia. El Dios, que se ha hecho cordero, nos dice que el mundo se salva por el Crucificado y no por los crucificadores. El mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres.

Ratzinger

lunes, julio 11, 2005

Misericordia y Amor

Él (Juan Pablo II) ha interpretado para nosotros el misterio pascual como un misterio de la divina misericordia. Escribe en su último libro: El límite impuesto al mal “es en definitiva la divina misericordia” (Memoria e Identidad”, pág. 70). Y reflexionando sobre el atentado dice: “Cristo, sufriendo por todos nosotros, le ha dado un nuevo sentido al sufrimiento; lo ha introducido en una nueva dimensión, en un nuevo orden: aquel del amor… es el sufrimiento que quema y consume el mal con la flama del amor y trae también del pecado un multiforme brote de bien” (pág. 199). Animado por esta visión, el Papa ha sufrido y amado en comunión con Cristo y por eso el mensaje de su sufrimiento y de su silencio ha sido así elocuente y fecundo.


Ratzinger

Homilía de Ratzinger al iniciar el Cónclave

Extracto.

"[...] Cuántas doctrinas hemos conocido en estas últimas décadas, cuantas corrientes ideológicas, cuantos modos de pensar... La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido no raramente agitada por estas olas- botada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo y así en adelante. Cada día nacen nuevas sectas y se realiza cuanto dice San Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a arrastrar hacia el error (cf Ef 4, 14). Tener una fe clara, según el Credo de la Iglesia, viene constantemente etiquetado como fundamentalismo. Mientras el relativismo, es decir el dejarse llevar “de aquí hacia allá por cualquier tipo de doctrina”, aparece como la única aproximación a la altura de los tiempos hodiernos. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última media solo el propio yo y sus ganas.

Nosotros, en cambio, tenemos otra medida: el Hijo de Dios, el verdadero hombre. Es Él la medida del verdadero humanismo. “Adulta” no es la fe que sigue las olas de la moda y la última novedad; adulta y madura es la fe profundamente radicada en la amistad con Cristo. Es esta amistad que nos abre a todo aquello que es bueno y nos dona el criterio para discernir entre el verdadero y el falso, entre engaño y verdad. Esta fe adulta es la que debemos madurar, a esta fe debemos guiar el rebaño de Cristo. Y es esta fe- solo la fe- que crea unidad y se realiza en la caridad. San Pablo nos ofrece a este propósito- en contraste con las continuas peripecias de aquellos que son como niños llevados a la deriva por las olas- una bella palabra: hacer la verdad en la caridad, como fórmula fundamental de la existencia cristiana. En Cristo, coinciden verdad y caridad. En la medida en que nos acercamos a Cristo, también en nuestra vida, verdad y caridad se funden. La caridad sin verdad sería ciega; la verdad sin caridad sería como “un címbalo que tintinea” (1 Cor 13, 1).

[...]“Os he constituido para que andéis y portéis fruto y vuestro fruto permanezca” (Jn 15, 16). Aparece aquí el dinamismo de la existencia del cristiano, del apóstol: os he constituido para que andéis... Debemos ser animados por una santa inquietud: la inquietud de llevar a todos el don de la fe, de la amistad con Cristo. En verdad, el amor, la amistad de Dios nos ha sido dada para que llegue también a los otros. Hemos recibido la fe para donarla a los otros- somos sacerdotes para servir a los otros. Y debemos llevar un fruto que permanezca. Todos los hombres quieren dejar una huella que permanezca. ¿Pero qué cosa permanece? El dinero no. Tampoco los edificios permanecen; los libros menos. Después de un cierto tiempo, más o menos largo, todas estas cosas desaparecen. La única cosa, que permanece en la eternidad, es el alma humana, el hombre creado por Dios para la eternidad. El fruto que permanece es por eso cuanto hemos sembrado en las almas humanas- el amor, el conocimiento; el gesto capaz de tocar el corazón; la palabra que abre el alma a la alegría del Señor. Entonces vamos y recemos al Señor, para que nos ayude a llevar fruto, un fruto que permanece. Solo así la tierra es transformada de un valle de lágrimas al jardín de Dios."

viernes, julio 08, 2005

Los pecados sociales reprobados por Mahatma Gandhi:

Política sin principios.
Riqueza sin trabajo.
Placer sin responsabilidad.
Conocimiento sin carácter.
Comercio sin moralidad.
Religión sin sacrificio.

Juan Pablo II rezó sobre la tumba de este gran líder, donde figura lo citado.

PD: que arroje la primera piedra quien ......

lunes, julio 04, 2005

Casualidad?

"No hay camino para la verdad, la verdad es el camino"
Mahatma Gandhi
Nunca Gandhi tuvo un pensamiento tan cristiano como ese, pues:

"Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida"
Cristo

jueves, junio 16, 2005

Sí a la vida.

Nathanson, experimentado médico abortista norteamericano, se conmovió y cambió radicalmente su opinión al ver una filmación en la cual, el feto -a pesar de su muy corto tiempo de vida- se retraía como única defensa posible en su pequeño habitáculo uterino, ante el avance exterminador de una fuerza que lo succionaba y que finalmente lo mató.
Es curioso que cuando se defiende al aborto, se lo ejemplifica con casos patéticos y cuando se lo aprueba, se extiende a niñas que al poco tiempo repiten esa experiencia, como natural consecuencia de una genitalidad liberada de todo control.
Es también curioso que se luche evitando el posible exterminio de especies zoológicas y al mismo tiempo se defienda el exterminio de la raza humana.
Esta realidad queda reflejada en el Primer Mundo cuyos índices demográficos no reponen la población existente. Ni hablar de la despoblación de Argentina donde se juega su propia soberanía teniendo en cuenta el escaso índice de habitantes por km cuadrado.
Negando la vida del embrión, el resto de los derechos humanos queda sin sustento.

jueves, junio 02, 2005

Sobre el aborto...

Gracias a Dios, ya es cosa bien sabida en estos tiempos que nadie puede desconocer los derechos humanos de una persona, y esto simplemente porque ellos no dependen del juicio de otro hombre. Sería demencial y anticuado pensar hoy en día que los derechos humanos de otro individuo son una cuestión que cada uno debe resolver en conciencia, pudiendo libremente reconocerlos o avasallarlos. Quiero decir: los derechos de otra persona no dependen de mí, ni mis derechos están a la disposición de otra persona.

Así las cosas, resulta un sinsentido pensar que el aborto es una cuestión que cada uno debe evaluar en su propia conciencia. Pues, o los no nacidos no son personas humanas -y por tanto ni tienen derecho a la vida, ni la conciencia debe tomarse ninguna molestia en suprimir ese "lo que sea" que lleva una mujer en el embarazo- o, los no nacidos son personas, y entonces sus derechos, incluido el de nacer, no pueden ponerse a disposición de la conveniencia de otro hombre.

La ciencia ha llegado a la conclusión de que durante el embarazo y desde la unión del óvulo con el espermatozoide, hay en el vientre de la mujer una individualidad diferente y distinta, aunque dependiente, de la madre que lo lleva. Si hay un ser distinto, con sus características genéticas propias, que vive y crece, es claro que es persona. Persona en formación, pero persona al fin. Y como tal tiene derechos. Y estos derechos no los puede desconocer nadie, ni el Estado, ni un médico, ni la madre.

viernes, mayo 27, 2005

Mentes

Dios ha creado al hombre por amor. Esto que parece una obviedad es muy interesante. Dios ha creado al hombre a su imagen u semejanza. Dios ha hecho al hombre de una dualidad indivisible: cuerpo y alma. El hombre no es un vegetal ni un animal. En todo caso es un animal racional. Dios ha creado al hombre y lo ha dotado de inteligencia y voluntad. Su fin último es el mismo amor, y si Dios es amor (como afirma el Apóstol Juan) entonces el fin último del hombre es Dios.

Ahora bien, a Dios hay que buscarlo, en última instancia, por Dios mismo. Para esta búsqueda debemos valernos de todo lo que somos y de todo lo que esté a nuestro alcance.

Existe una encíclica relativamente nueva: Fides et Ratio (Fe y Razón) en la que magestuosamente se expone que la fe y la ciencia se complementan y nunca, si se busca con sinceridad la Verdad, pueden contradecirse.

Si Dios nos ha dotado de inteligencia y voluntad: ¡Qué mejor que valernos de estas herramientas para amarlo más!

Estoy de acuerdo que la ciencia sin amor es un absurdo de cara a Dios. Pero no pienso lo mismo respecto a que sin la ciencia se está en mejores condiciones para amarLo.

Todo vale si acerca a Dios. Pero nada te hace más hombre que ser hombre y comportarte como tal y buscarLo como tal. A Santo Tomás se lo llama el Doctor Angélico, y no me cabe la menor duda de que su inteligencia (o mejor dicho, la inteligencia que Dios le dio) fue de una increíble ayuda para toda su Iglesia incluso hasta nuestros días.

Me tengo que ir pero después la sigo...

Un abrazo!!!!

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