Sí a la vida.
Nathanson, experimentado médico abortista norteamericano, se conmovió y cambió radicalmente su opinión al ver una filmación en la cual, el feto -a pesar de su muy corto tiempo de vida- se retraía como única defensa posible en su pequeño habitáculo uterino, ante el avance exterminador de una fuerza que lo succionaba y que finalmente lo mató.
Es curioso que cuando se defiende al aborto, se lo ejemplifica con casos patéticos y cuando se lo aprueba, se extiende a niñas que al poco tiempo repiten esa experiencia, como natural consecuencia de una genitalidad liberada de todo control.
Es también curioso que se luche evitando el posible exterminio de especies zoológicas y al mismo tiempo se defienda el exterminio de la raza humana.
Esta realidad queda reflejada en el Primer Mundo cuyos índices demográficos no reponen la población existente. Ni hablar de la despoblación de Argentina donde se juega su propia soberanía teniendo en cuenta el escaso índice de habitantes por km cuadrado.
Negando la vida del embrión, el resto de los derechos humanos queda sin sustento.

