Sobre el aborto...
Gracias a Dios, ya es cosa bien sabida en estos tiempos que nadie puede desconocer los derechos humanos de una persona, y esto simplemente porque ellos no dependen del juicio de otro hombre. Sería demencial y anticuado pensar hoy en día que los derechos humanos de otro individuo son una cuestión que cada uno debe resolver en conciencia, pudiendo libremente reconocerlos o avasallarlos. Quiero decir: los derechos de otra persona no dependen de mí, ni mis derechos están a la disposición de otra persona.
Así las cosas, resulta un sinsentido pensar que el aborto es una cuestión que cada uno debe evaluar en su propia conciencia. Pues, o los no nacidos no son personas humanas -y por tanto ni tienen derecho a la vida, ni la conciencia debe tomarse ninguna molestia en suprimir ese "lo que sea" que lleva una mujer en el embarazo- o, los no nacidos son personas, y entonces sus derechos, incluido el de nacer, no pueden ponerse a disposición de la conveniencia de otro hombre.
La ciencia ha llegado a la conclusión de que durante el embarazo y desde la unión del óvulo con el espermatozoide, hay en el vientre de la mujer una individualidad diferente y distinta, aunque dependiente, de la madre que lo lleva. Si hay un ser distinto, con sus características genéticas propias, que vive y crece, es claro que es persona. Persona en formación, pero persona al fin. Y como tal tiene derechos. Y estos derechos no los puede desconocer nadie, ni el Estado, ni un médico, ni la madre.
Así las cosas, resulta un sinsentido pensar que el aborto es una cuestión que cada uno debe evaluar en su propia conciencia. Pues, o los no nacidos no son personas humanas -y por tanto ni tienen derecho a la vida, ni la conciencia debe tomarse ninguna molestia en suprimir ese "lo que sea" que lleva una mujer en el embarazo- o, los no nacidos son personas, y entonces sus derechos, incluido el de nacer, no pueden ponerse a disposición de la conveniencia de otro hombre.
La ciencia ha llegado a la conclusión de que durante el embarazo y desde la unión del óvulo con el espermatozoide, hay en el vientre de la mujer una individualidad diferente y distinta, aunque dependiente, de la madre que lo lleva. Si hay un ser distinto, con sus características genéticas propias, que vive y crece, es claro que es persona. Persona en formación, pero persona al fin. Y como tal tiene derechos. Y estos derechos no los puede desconocer nadie, ni el Estado, ni un médico, ni la madre.


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